Hay un toro
el animal me mira
penetrando partes del tiempo en el olvido.
Creería vanidosamente
que no soy -su- presa.
Pero sus ojos se salen de los límites
me persiguen al irme a dormir,
me invitan al amanecer sangriento.
Mirando fijo en el espejo
veo las cuchillas y las sombras en mis manos
y en mis pies, una corporalidad sin gravedad.
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