Te extraño
tanto que me aplasta
me duele y me confunde.
Me convertí en este pájaro enjaulado
que solo dibuja tempestades y agonías
con la mirada y los silencios.
Me convertí en esto que quiebra el vientre
y lo endurece,
en esta posible capacidad de drenar, y no
como un deshielo, el indispensable mundo de la incertidumbre.
Lamento, a vos, a mi, o a quién sea,
por no habitar la desesperanza con ternura y valentía
por simular crecer en el corazón una raíz
y en realidad encontrarla seca bajo el agua.
... y en realidad, por sostener el muro limítrofe limitante del espectro luminoso,
donde al final,
terminé ocultándome en su sombra.
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